A finales de los noventa, en la ciudad de Badalona se inició un proyecto de refuerzo educativo para niños en situación de riesgo de exclusión social, derivados por los Servicios Sociales del Ajuntament de Badalona. Esta tarea empezó a llevarse a cabo en colaboración con el Pla Urban, integrado en la red de Refuerzos Educativos de la ciudad y estuvo asesorada por Cáritas.
Aquel fue el gérmen de lo que hoy se ha convertido en la Fundació Privada La Salut Alta, con quien la Fundació Roger Torné colabora. Conocemos el trabajo valioso que llevan a cabo y nos ha parecido importante que se oiga su voz a través de Inspira. Por ello, nos pusimos en contacto con Silvia Casado, directora del Centre Obert, para que nos explicara sus comienzos y las tareas que llevan a cabo.

Mural en la pared de una Sala Multiusos del Centro Obert.
Llegamos a la calle Autonomía de Badalona, lugar donde se ubica la sede de la Fundació Privada La Salut Alta, unos minutos antes de que se abra el centro. Hemos venido caminando desde la parada de metro de Fondo. “Es la mejor forma para llegar hasta aquí, además de en moto, ya que por la zona es muy difícil aparcar”, nos comentó Silvia Casado cuando acordamos la cita por teléfono, “aunque desde la parada hay unos veinte minutos hasta el centro”. En este recorrido apreciamos la diversidad cultural del barrio. Vemos en las calles gente procedente de multitud de países, tiendas especializadas en productos africanos, asiáticos o sudamericanos, mujeres con velo, sikhs con turbantes, conversaciones en lenguas africanas…

Horario escolar colgado en una de las aulas
Enseguida llega Silvia con Montse, otra educadora, y nos hace pasar al local. La entrada está adornada con recortes de cartulina colgados del techo a modo de móviles. A la derecha podemos ver varios despachos cuyas puertas están pintadas de colores fuertes, casi fosforitos, que dan calor y animan el espacio. Entramos con Silvia en su pequeña oficina, comentándole lo alegre que es el lugar.
La parroquia de La Salut de Badalona tiene aquí una capilla donde se inició un proyecto de refuerzo educativo para niños derivados de los Servicios Sociales. Había una gran demanda y era difícil dotar al proyecto de carácter de continuidad, por eso en 2004 decidimos constituir el Centre Obert, para lo que era necesario constituirnos como Fundació. Así nació la Fundació Privada La Salut Alta.
Sí –recuerda Silvia sonriendo-. En los inicios, fue la gente de la capilla comprometida con el proyecto quienes consiguieron los primeros fondos, vendiendo papeletas de 1, 2 ó 3 euros a la gente del barrio. Consiguieron alrededor de 1.300 euros y esa fue la primera aportación. Después tuvimos que contactar con fundaciones privadas, instituciones, etc., para que hicieran alguna donación. Hoy en día el 90% de la financiación de la Fundació es privada. Este año por primera vez la Generalitat nos ha dado 10.000 euros y el Ayuntamiento de Badalona 1.000 euros.

Voluntarias preparando la merienda
¿Es verdad que al principio os financiasteis con pequeñas aportaciones de gente del barrio?
Una vez constituido el Centre Obert comenzó vuestra actividad. ¿En qué consiste exactamente?
El Centre Obert se abre por las tardes para dar refuerzo educativo a niños y niñas

Aula de informática
en situación de riesgo de exclusión social, derivados de los Servicios
Sociales, de EAIA o de los propios colegios del barrio. De lunes a jueves les ayudamos a hacer los deberes, les enseñamos hábitos de higiene y limpieza personal, etc. El viernes es más lúdico: Jugamos con ellos, nos lavamos las manos, merendamos juntos, y de esta forma les enseñamos normas básicas: usar el plato, la servilleta, no comer con la boca abierta, nos lavamos los dientes como una actividad más… En ocasiones, raras, los mayores salen a ver algo en Badalona o en Barcelona y los pequeños se quedan.
Los niños vienen al salir del colegio y están aquí hasta las siete y media. A las siete y media empezamos a “echarlos” – comenta Silvia riéndose-. Para las ocho ya se han ido – añade desplegando una gran sonrisa.
O sea, que no quieren irse.
Sí, muchos no se quieren ir. Están a gusto aquí. Se lo pasan bien.
Horario escolar colgado
en una de las aulas
Tenemos cuarenta y dos niños de seis a dieciséis años. Y estamos esperando a otros dos. Abarcamos toda la infancia desde Primero de Primaria, porque más pequeños son otras necesidades que no podemos cubrir. La edad es un criterio importante para acceder al centro.

Preparando las mesas para la merienda del viernes
¿Cuántos niños tenéis? ¿De qué edades?
¡Son muchos!
Sí, eso genera mucho papeleo, informes, etc. porque normalmente vamos a hablar con los tutores de cada niño y hacemos un seguimiento, acompañamiento de las familias, etc.
¿Tenéis mucha demanda de niños para acceder al Centro?
La lista de espera creo que supera ya a los cuarenta y dos que tenemos y los colegios siguen enviando gente y los servicios sociales siguen pidiendo plazas. Treinta y ocho están en dinámica de Centro Abierto. El resto son de un grupo de refuerzo que viene dos tardes a la semana. Si tuviéramos más voluntarios, igual podríamos formar otro grupo de refuerzo de seis a ocho niños más, aunque fueran dos tardes. Porque la demanda es constante.
Sí, porque estamos muy lejos de todo, es difícil llegar aquí en transporte público y se puede tardar una hora en metro dependiendo de donde vengas. Esa es una dificultad. A veces, llamando a coles que tienen créditos de servicio social, puede venir algún chico de Bachillerato. Y después, tenemos gente vecina que nos ayuda, pero es claramente insuficiente para cubrir la demanda.

Aulas del Centro Obert.
¿Tenéis dificultades para encontrar voluntarios?
¿Qué es necesario para ser voluntario?
Tener la capacidad de ayudar a los chicos para acompañarlos en el refuerzo. Por ejemplo, para los niños de Primero y Segundo, aprendizaje lector-escritor. También intentamos que los voluntarios tengan algún tipo de formación para que sepan guiar a los niños, en hábitos, comportamientos, saber hasta cuando sí y hasta cuándo no… Tenemos desde jubilados a estudiantes de psicología..
Es buena. Hemos tenido alguna dificultad porque la gente pensaba que íbamos a dar comidas o algo así, pero cuando han visto que es un centro educativo, pues muy bien. También llevamos unos años que la Fundació como tal es sitio de referencia aquí, porque en toda esta zona no hay nadie más que trabaje en este sentido. Las familias que pueden pagar actividades extraescolares, tienen esta posibilidad que ofrecen los colegios. Pero si no las pueden pagar, que es la mayoría, la alternativa para los niños es la calle. Y en este barrio no hay plazas ni jardines ni espacios para ellos.

Mural colgado en una de las salas del Centre Obert
¿Cómo es la relación con el barrio?
¿Los fines de semana también hacéis actividades?
No todos. Intentamos hacer un par de salidas al mes, pero estamos limitados porque no podemos pagar un autobús, entonces dependemos de donde podamos llegar con transporte público. Por ejemplo, al COSMOCAIXA todavía no hemos ido, porque nos supone una hora y media llegar hasta allí y lo mismo volver. El año pasado pudimos ir a la casa que tenéis en El Surell gracias a que la Fundació Roger Torné nos puso el autobús. Ahora tenemos ganas de que acabéis el proyecto de La Casa de l’Aire para poder volver.
¿Vienen también adultos al Centro?
Sí. Por las mañanas, dos días en semana, hemos empezado a dar clases de castellano para mujeres inmigrantes, pero ha sido tal la demanda que hemos tenido que derivar un grupo de hombres a la parroquia de La Salut. Además, damos un curso de informática básico otros dos días y ahora ampliaremos dos mañanas más, porque la gente lo pide.
También, con las familias, procuramos, cada mes o mes y medio, tener una charla formativa sobre educación o sanidad.
¿Qué es lo mejor de vuestro trabajo?
El proceso que ves que hacen los niños. Cuando ves cómo llegó ese niño y cómo ha cambiado, es muy bonito. El trato personal con ellos, con sus familias, ver que confían en ti, que agradecen que alguien los escuche o que cuentan con nosotros. Eso es bonito y gratificante. Y después ver la ilusión, sin grandes pretensiones, de los voluntarios y del equipo de educadores, de poder ayudar en el día a día.
Los niños tienen problemas de exclusión social…
Si. Este es un barrio de exclusión social. Sus orígenes hay que buscarlos en la emigración de los años 50 y 60 procedentes de Andalucía o Extremadura. Las casas las construyeron ellos mismos sin ninguna planificación urbanística. Para muchos el progreso significa salir de aquí. Pero ahora son los inmigrantes extracomunitarios quienes se han instalado: vienen de Marruecos, Asia, India, China… En el barrio no tenemos bibliotecas, ni servicio de correos, ni parada de taxis, y todas estas cosas, de alguna forma definen las condiciones.
Y claro, si los niños no vienen aquí la alternativa es estar en la calle. Colaboramos con el Ayuntamiento en el Pla de Entorn, que trata de asistir a las zonas de Catalunya con necesidades educativas especiales, intentamos dinamizar estos trámites, pero claro, una cosa es la política y otra es la realidad actual.
Por otro lado, hay situaciones familiares complicadas, madres que llevan a los niños solas porque están separadas y hay un grupo de niños que está en seguimiento del EAIA, que son esos niños cuya custodia no la tienen los padres, sino algún otro familiar o un centro.
¿Los niños también viven ese choque cultural?
Claro que sí, pero se van acostumbrando y empiezan a adaptarse por todo esto de la coeducación. Hay que trabajar en un equilibrio entre lo que es el respeto a su cultura y lo que es necesario para convivir en nuestra sociedad. Por ejemplo, el año pasado había niños varones que se sorprendían al ver a un voluntario fregando los platos, porque en sus casas el hombre no hace ese tipo de tareas. Pero enseguida se acostumbraban y las madres también. Ellas lo ven y les parece bien. Otra cosa es lo que hagan en sus casas pero aquí les parece normal.
¿Las familias colaboran con vosotros?
Hay de todo. Algunas que están aquí para cualquier cosa que necesitamos y otras que no vienen nunca. Hay una madre que viene de voluntaria y otras que vienen de vez en cuando, para la fiesta de Navidad y cosas así. También nosotros sabemos a quién se lo podemos pedir. Hay otras que se van enganchando porque para ellas también es un espacio…
Silvia nos invita a ver todas las instalaciones. Nos enseña las clases donde hacen el refuerzo educativo, el aula de informática, el salón multiusos donde los niños juegan y meriendan, la pequeña cocina, la capilla situada en el piso de arriba, donde empezó a fraguarse todo el proyecto.
Las educadoras empiezan a organizar las mesas para la merienda. Los niños que van llegando se interesan por nosotros, quieren ver la cámara con la que hacemos fotos, nos hacen todo tipo de preguntas y a su vez nos explican de dónde son.
Llega el momento de lavarse las manos, una actividad más, tan sencilla como necesaria y educativa.
Compartimos la merienda con ellos, en la que se hace un improvisado homenaje a aquellos que han cumplido años esa semana. Todos juntos cantan un cumpleaños feliz mientras soplan una vela.
Los niños se disputan nuestra compañía, nos enseñan sus clases, nos hablan de sus familias, nos cuentan chistes cuyos protagonistas son rumanos, marroquíes o españoles.
Mural colgado en una de las salas
del Centre Obert
Es un viernes más del Centre Obert. Estamos convencidos que nuestra sociedad es algo mejor gracias al trabajo que realizan organizaciones como la Fundació Privada La Salut Alta. El valor de lo que hacen está muy por encima de lo que reciben. Silvia lleva razón. Esto no es sólo un trabajo, es una vocación, una obra cuyo alcance sólo se puede medir por la magnitud de la importancia que tiene para un padre el desarrollo y el progreso de sus hijos.
Tags: Barcelona, cooperación al desarrollo, infancia, La Salut Alta, Xarxa



[...] en nuestro Programa de Cooperación. Conocemos la labor de esta Fundación de Badalona, e incluso hemos escrito sobre ellos en estas páginas de Inspira. Hacen un gran trabajo para mejorar la situación de los niños y niñas de esa zona de la [...]