Desde noviembre de 2007, la Fundació Roger Torné financia una casa de acogida en Butembo (República Democrática del Congo), a través de la Hermandad de Jesús Nazareno de Paradas (Sevilla). MAPENDO, que es así como se llama la casa, se creó con el objetivo de acoger a 15 niños de la calle y darles atención primaria (sanitaria, educativa y alimenticia). Las expectativas puestas en el proyecto fueron muy altas. Hoy, casi dos años después de que se iniciase nuestra colaboración, hacemos balance y planteamos los retos del futuro.
Cada otoño, 15 niños de la calle son seleccionados para incorporarse a la casa MAPENDO. Esta casa es dirigida por dos monjas oblatas asuncionistas y por un sacerdote de la Comisión Justicia y Paz. Además trabajan una cocinera, una educadora y un vigilante. Al finalizar cada etapa, los resultados del proyecto son evaluados tanto por la Hermandad (encargada de su ejecución) como por la Fundación.
La evaluación de resultados del proyecto se realiza desde dos puntos de vista. En primer lugar, se realiza una evaluación económica, destinada a valorar la eficacia del proyecto. Esta evaluación resulta ser la menos compleja, ya que cada año un responsable se traslada a Butembo para supervisar y comprobar el estado de cuentas del proyecto, recabar el testimonio gráfico y las facturas originales. En este ámbito, hemos podido comprobar que la ejecución de los gastos se realiza conforme a lo presupuestado.
“Cada año se incorporan a MAPENDO 15 niños con 15 causas muy diferentes por las que han terminado viviendo en la calle.”
En segundo lugar, se realiza una evaluación más amplia de control de resultados desde un punto de vista personal. En este ámbito debemos confesar que el análisis de los resultados de la evaluación resulta mucho más complejo. ¿Por qué? Porque las cifras aquí no nos salen exactas. Cada año se incorporan a MAPENDO 15 niños con 15 causas muy diferentes por las que han terminado viviendo en la calle.
¿Por qué viven en la calle? Unos porque son huérfanos y tienen unos tutores que no les tratan bien, otros porque han robado a sus propias familias pero dichos robos han venido acompañados de castigos tan insoportables para ellos que ha preferido el abandono a continuar con ellas, otros, por la propia miseria con la que viven sus padres y sus familias, de modo que el hambre les ha hecho salir a la calle. En todos los casos las familias de estos niños no escolarizaban a sus hijos por falta de medios.
La complejidad de todos estos factores, ha obligado a los educadores y directores de la casa MAPENDO a seguir una estrategia de adaptación muy distinta para cada niño. A pesar de todas las dificultades, transcurrido el primer año de la vida de la casa MAPENDO, la mayor parte de los niños encontraron acomodo entre sus familiares directos, pero no todos… Tres de los niños que inicialmente entraron en la casa han continuado un año más en ella y otros dos niños más, fueron a vivir a las comunidades de las Hermanas oblatas de la Asunción. La experiencia del primer año permitió definir un nuevo proyecto para el segundo año.
En otoño de 2008, además de incorporar a nuevos niños en la casa hasta completar las vacantes, hubo que destinar fondos a financiar las matrículas de la escuela de algunos de los niños que ya no vivían en la casa pero que sus familias no podían sufragar dichos gastos. De esta forma se ha garantizado que los niños que vayan pasando por MAPENDO y que hayan logrado una estabilidad emocional y personal, puedan seguir asistiendo a la escuela.
“Los niños acogidos en MAPENDO son niños que literalmente son recogidos de la calle.”
Asimismo, los niños acogidos en MAPENDO son niños que literalmente son recogidos de la calle. Por este motivo, durante los primeros meses de estancia en la casa, sus escapadas para volver a fumar con sus amigos y robar en la calle son frecuentes. De ahí que los educadores y directores de MAPENDO, tras las dificultades del primer año de la Casa, se hayan visto en la necesidad de acompañar a los niños a la escuela durante los primeros meses con el objetivo de garantizar su escolarización.
Por otra parte, la experiencia del primer año de vida de la Casa ha servido para identificar la necesidad de reforzar los cauces de comunicación entre los educadores de MAPENDO y el maestro de la escuela. Esta dificultad se ha superado entregando a los niños dos cuadernos, uno para el maestro de la escuela quién anota regularmente lo que va ocurriendo y otro para los educadores de la Casa, donde se anotan las incidencias de los niños en la casa. El resultado de todo ello ha sido positivo en la medida en que ha habido mayor control sobre los niños, quienes poco a poco se han ido adaptando y aceptando su situación en la casa.
La salud de estos niños también es atendida en MAPENDO. Al llegar, los niños presentan problemas de salud muy graves. La mayoría o casi todos tienen problemas de desnutrición, verminosis, malaria y muchos otros problemas relacionados con la falta de higiene. Por este motivo, desde que entran en la casa se benefician de una atención sanitaria personalizada. En primer lugar, se les obliga a tener una higiene personal diariamente así como a lavar su propia ropa. En segundo lugar, se les ofrecen tres comidas al día: por la mañana antes de ir a clase, a medio día después de clase y por la noche antes de acostarse. Y en tercer lugar, se les realiza una revisión médica en los centros de atención sanitaria privados existentes y se les garantiza la medicación necesaria para el tratamiento de su enfermedad.
“Todos los niños afirman que no volverán nunca a vivir en la calle y piden que sigamos ayudándoles.”
Desde el punto de vista psicológico, también se ha observado una evolución positiva en los niños tras un año de convivencia en la casa. Hay que pensar que todos los niños llegan a la casa con traumas importantes, vivir en la calle ha hecho mella en ellos y se muestran irascibles, cerrados, muy agresivos e inestables. Sin embargo, hay una evolución positiva en todos ellos aunque a diferentes niveles dependiendo de la situación de cada uno. Lo más significativo y que nos anima a superar los problemas es que todos los niños afirman que no volverán nunca a vivir en la calle y piden que sigamos ayudándoles.
El balance final que hacemos es positivo, aunque sabemos que falta mucho más qué hacer y ámbitos en los que mejorar. Sí, consideramos que nuestra aportación en Butembo constituye un granito de arena a la situación de desprotección de los niños en los países afectados por conflictos armados. Tal y como publicaba “Save the Children” el 17 de septiembre, 40 millones de niños pertenecientes a países afectados por conflictos armados son privados de la vuelta al cole a la que los países desarrollados estamos acostumbrados. En esta ocasión pensamos que al menos 15 nuevos niños han tenido la oportunidad de salir de un destino incierto.
¿Qué puedo hacer yo? Aquí tienes algunas ideas:
- Compra el libro “¡Pintar el aire!” editado por la Fundació Roger Torné cuyos beneficios irán destinados íntegramente a financiar la Casa Mapendo.
- Envíanos todas tus dudas y cuestiones sobre la Casa Mapendo y te responderemos encantados.
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Tags: Butembo, cooperación al desarrollo, infancia, Mapendo, niños soldado, solidaridad

