Entrevistamos a Mabel Piérola con motivo de la presentación de ¡Pintar el Aire!

El mes pasado ya te invitamos a las presentaciones de ¡Pintar el Aire!, que tuvieron lugar en Barcelona el 30 de octubre y en Sevilla el 6 de noviembre y de las que damos buena cuenta en nuestro blog.

A partir de ahora, nuestra misión consiste en vender el máximo número de cuentos, ya que los beneficios de la venta se dedicarán íntegramente a la financiación de la Casa Mapendo de acogida para 15 niños de la calle.

Si quieres unirte a nuestra misión, una buena forma de hacerlo es regalando  esta Navidad ¡Pintar el Aire! a los niños que conozcas.

De esta forma, esta Navidad, además de hacer los tradicionales regalos para los niños, contribuirás a que otros niños de Butembo recuperen su infancia perdida.

Además, te invitamos a conocer un poco mejor a la autora e ilustradora del libro, Mabel Piérola, con quien estuvimos charlando sobre el cuento, la niñez y la magia.

Mabel se está poniendo sus joyas cuando nos encontramos. Son una flor y un loro de fieltro prendidos de su pecho. Habla con voz pausada, suave, como si estuviera contando un cuento, tiñendo sus palabras de miradas, sonrisas, expresiones pensativas, contemplativas, que dicen tanto como sus palabras. Ella afirma al final de la entrevista que prefiere la expresión oral a la escritura y la pintura. Compartimos esa preferencia cuando se trata de ella, porque Mabel es una poetisa de la palabra y la imagen, pero escucharla es un privilegio para los sentidos.

Mabel, ¿qué ha sido para ti Pintar el Aire?
Bueno, pues partió de un estímulo externo. La propuesta de que tratase el aire y que la Fundación estuviese interesada en el tema medioambiental y atmosférico, por lo sutil, me encantó. Hablando con Laurence (directora de la Fundació Roger Torné) salió el tema de la interculturalidad, la astronomía, los elementos. Después de esta primera fase, me quedo sola, me aíslo, para aterrizar estas ideas que han surgido de la conversación. En ese momento supe que el cuento lo tenían que hacer los niños y eso me dio la idea de qué técnica utilizar: lapizotes de colores, bien “refrotaos”, que la pintura tuviera textura de lápiz. Bueno, lo iban a hacer ellos. Y por supuesto tenían que ser de distintas razas y culturas. Pensaba que no tenía que ser muy explícita al comienzo del libro, sino que finalmente diera la sorpresa de dónde estaban esos niños, en qué tipo de escuela. Así que al principio no se sabe muy bien, desde las cosas que hay en la clase (un sol, una luna, un gato) hasta la propia propuesta de la profesora de pintar el aire, todo es especial. Al final, resulta que están en una escuela de magia, porque hay que ser mago para pintar el aire. Y el proceso ha sido así. Primero las charlitas, luego el desplazamiento de que lo pinten los niños y ya está.

Y ponerle mucha magia…
Ja ja ja. Bueno, me gusta lo sutil, no ser muy explícita. Combinar lo poético, lo lúdico, es mi modus operandi. Combino siempre el humor con lo lúdico y lo lírico. Lo poético y lo de mucha risa.

Este cuento es muy bonito porque cada dibujo es una historia que el niño puede imaginar. Es decir, que permite que la imaginación actúe.
Sí, sí, me baso en la capacidad de imaginación que tiene el niño.

Ana María Matute ha escrito el prólogo, ¿más magia para un libro ya mágico?
Sí. Ana María Matute es reposada, contemplativa, con una literatura basada mucho en su existencia personal, ya lo dice en el prólogo. Se basa en la infancia, en la recuperación. Hay una cosa sutil, como si en una tela de araña por la que andamos, estuviéramos en el mismo hilo. Pero las telas de araña a veces se ven y otras no se ven. A veces descubres momentos en los que se hace visible esa tela y sientes que te has encontrado en una misma frecuencia del hilo, en la misma trama, pues es así…

¿Qué esperas que los niños descubran o comprendan al leer Pintar el Aire?
Es un misterio. Me encantará saber porque para escribir este cuento de niños, yo me he puesto en solfa de niña. Pero creo que si creas más espacio para que ellos digan dónde hay más aire, van a salir cantidad de cosas.

Por cierto, sabes que hemos organizado un concurso, ¿no? A ver lo que pintan…
Ellos pintarán, vamos a ver…  Estamos en un periodo difícil. Bagdad, la ciudad de los sueños, entró en conflicto. Eso nos ha afectado a todos a nivel imaginario, de los sueños. Ahora sólo van sueltos los 40 ladrones. Nada de lo que pasa en el otro lado nos es ajeno. Y llevamos años de conflictos y ahora no sabemos dónde están nuestros sueños. Ahora a los niños les cuesta encontrarse con sus sueños y eso es lo que trato de hacer. Vamos a ver. Los niños tienen demasiados estímulos.

¿Y qué hace falta para eso?
Que nos demos cuenta de que no todo es acción, que hay una vida luminosa en el momento en que no hay acción. A los niños ahora se les impide que se aburran. Aburrirse es importantísimo para desarrollar la imaginación.

Este cuento tiene un doble objetivo para la Fundación. Uno es trasladar a los niños de aquí la importancia que tiene el aire. Por otro lado, a través de la compra, queremos financiar la Casa Mapendo de Butembo. ¿Qué importancia ha tenido para ti esta vertiente solidaria a la hora de escribir e ilustrar el libro?
Es encantador lo que estamos viviendo en cuanto a la influencia de otras culturas, porque la mezcla nos va a venir muy bien en todos los niveles. Choca tanto ver un niño en África que no hace nada. Simplemente mira. U observa. O contempla… Porque la vista tiene muchos matices. Ellos están fascinados porque aquí estamos con una estimulación tan grande que nos perdemos y yo creo que tenemos que mezclarnos los cromos. Ellos están deseando tener algunas imágenes de las nuestras, pero nosotros vamos a tener que recuperar lo que ellos viven allí. El campo, recuperar el campo, la naturaleza, donde no hay este estímulo sobre el objeto, sino que hay un palo, una piedra, un gusano… La naturaleza nos regenera. El problema que sufrimos es sobre todo un tema de medio ambiente. Nuestra salud está lesionada si vivimos rodeados de contaminación aérea, contaminación acústica… Esto tiene un precio. Entonces, siempre que podamos, tenemos que volver a la naturaleza, nuestra señora madre.

¿Dedicarte al cuento te hace crecer o te hace cada vez más niña?
En mí vive Caperucita y su abuela y su madre… y el lobo. Yo creo que la más atontada es la madre, porque no se entera, está con los pucheros y manda a la niña para allá. Y la abuelita también está siempre encerrada en la casa. Es decir, que en ese cuento, la que se mueve y vive es la niña. Yo tengo una niña muy poderosa. En el sentido de que soy vitalista. Vivir, que te pasen cosas, eso sólo le ocurre a Caperucita. Tengo una curiosidad prodigiosa, capacidad de fascinación y de quedarme embobada, de encantamiento… y eso es la niña.

Qué te gusta más, ¿escribir, dibujar o contar cuentos?
Es difícil… La palabra es hermosísima. En mi ejercicio de quedarme en blanco, de repente viene la palabra y la palabra viene unida a una imagen. Puedo empezar por el texto, pero va tan íntimamente unidas la palabra y la imagen… Y oralmente la palabra también me gusta. La resonancia, las pausas, es como una canción. Me interesa más. Sobre el papel escrito, la imagen puesta en un papel o la palabra oral, prefiero la palabra oral.

Nos quedamos otro buen rato charlando con la autora. De las estrellas, la creación, la vida. Mabel empezó desde pequeña contándole cuentos a su abuela. Cuando nos levantamos, camino de la librería, nos damos cuenta de que lleva un calcetín de cada color, y nos quedamos fascinados por ese detalle, esperando el momento mágico de la llegada de los niños.


¿Qué puedo hacer yo? Aquí tienes algunas ideas:

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