Gloria Valdivia
Responsable de Difusión y Sensibilización
Fundació Roger Torné
Lo que resulta más llamativo del título de la conferencia organizada por la Fundació Roger Torné y CIBERESP el pasado 24 de noviembre en el marco de su acuerdo de colaboración, “Trastornos del desarrollo neurológico y la contaminación química: la pandemia encubierta”, a cargo del doctor Philippe Grandjean (Harvard School of Public Health. Boston, Massachusetts), es precisamente la expresión “pandemia encubierta”, cuyas connotaciones no sólo sugieren que estamos ante una epidemia silenciosa, sino que, y lo que es peor, parecen aludir a un desinterés por evidenciarla.
Cuando la Fundació Roger Torné puso en marcha su proyecto social, lo hizo basándose en el convencimiento de que uno de los problemas más graves que afectan a la infancia hoy en día, la incidencia de los factores medioambientales en su salud, es a la vez un problema silencioso que urge poner de manifiesto.
Esta certeza no proviene de una intuición, sino de la suma de datos que están al alcance de todos. Por ejemplo, según la OMS, cada año mueren más de 3 millones de niños con menos de 5 años por causas y afecciones relacionadas con el medio ambiente. Sin embargo, como comentaba el pasado 24 de noviembre Soledad Román, directora de la Fundación, en el marco de la conferencia mencionada, ningún medio de comunicación ha abierto nunca su parrilla de noticias con estas informaciones.
Fue la pregunta “¿Qué podemos hacer nosotros?” la que llevó la Fundación a visitar y conocer el Proyecto INMA por medio de su director, el doctor Jordi Sunyer. El empeño de ambas entidades en “explicar” esta realidad “encubierta” y hacer partícipe de ella a la sociedad a través de un lenguaje accesible y de unas propuestas concretas, es lo que las llevó a firmar un acuerdo de colaboración en cuyo marco se celebró el encuentro del pasado 24 de noviembre, con un invitado de excepción, el Dr. Philippe Grandjean, eminencia científica en temas de medicina medioambiental, cuya investigación se centra en la epidemiología ambiental provocada por las exposiciones a contaminantes químicos y sus efectos neurotóxicos. De ahí a que el título de la conferencia del doctor Grandjean resulte sugerente, porque de nuevo parece traslucir una realidad ignorada, e incluso silenciada, que, sin embargo, afecta directamente al desarrollo neuronal de nuestros niños y niñas, es decir, a las mentes del futuro.
El reconocido científico de Harvard fue presentado por el Dr. Sunyer, quien habló del Proyecto INMA que lidera, de la base en la que se sostienen sus investigaciones y conclusiones importantes a las que ya se ha llegado, como que “los bebés sometidos a contaminación atmosférica durante el proceso de gestación pesan alrededor de 50 gramos menos que aquellos que se desarrollan en un ambiente limpio y libre de humos”.
La conferencia supuso una oportunidad extraordinaria para escuchar y entrevistar en Barcelona al Dr. Grandjean, quien aseguró que “las sustancias químicas han penetrado en todos los medios en los que nos desenvolvemos, el aire, el agua y los alimentos, hasta estar presentes en nuestro interior”. Este contacto es especialmente crítico en el momento en que se está desarrollando el cerebro, ya que el funcionamiento óptimo de éste depende de que el proceso evolutivo se realice correctamente y sin interrupción. De lo contrario, podrían surgir disfunciones que implicarían grandes diferencias en la calidad de vida futura de las personas afectadas respecto a aquellas con un cerebro óptimo. Por ejemplo, se estima que una exposición prenatal a metilmercurio del doble del límite aconsejable, reduciría en 1.5 puntos el coeficiente de inteligencia adulto.
Este año 140 países han firmado un acuerdo para limitar y controlar estas exposiciones a metilmercurio, del mismo modo que cuando se produjo una reducción de los niveles permitidos de exposición al plomo en 1996. Pero Grandjean incide en que sólo se realizan acciones a gran escala como estas cuando la ciencia consigue demostrar al 100% el perjuicio que provocan los contaminantes en la salud. Así, la revisión por parte de los gobiernos de los niveles de seguridad de exposición a estos productos se produce sólo cuando el daño ya está hecho.
Al preguntarle sobre las medidas de prevención que deberían adoptar las administraciones, Grandjean se posiciona a favor de un cambio de mentalidad, donde no sea necesario demostrar que los contaminantes hacen el “suficiente” daño para dejar de utilizarlos, sino al contrario, donde sólo esté permitido usar los contaminantes cuando se haya probado de forma definitiva que no son perjudiciales para el normal desarrollo neuronal. “Tenemos que respetar que sólo hay una oportunidad para que se desarrolle el cerebro y los cerebros son básicos para el futuro de nuestra sociedad y de su bienestar”, afirmó Grandjean refiriéndose al daño irreparable que pueden provocar estos contaminantes.
El profesor de Harvard nos sorprendió al afirmar que de los 201 productos químicos que podrían ser neurotóxicos, sólo 5 de ellos están documentados como dañinos para el desarrollo cerebral. Sin embargo, según sus palabras, “esto sólo es la punta del iceberg, es lo que conocemos actualmente y podríamos cometer errores si sólo apuntáramos a estos productos porque hay mucho más debajo de la superficie”. La hipótesis de Grandjean es que los efectos tóxicos de estas sustancias químicas en el desarrollo del cerebro humano no son totalmente conocidos y, lo que es peor, no existe una regulación efectiva para proteger a la infancia. Esto es lo que él llama “la pandemia encubierta”.
Pero, ¿cómo combinar el necesario principio de prevención con la urgencia de un mercado basado en la novedad y el consumo? Grandjean apuesta por promover actitudes individuales encaminadas a la prevención, como el hecho de comprar y consumir productos orgánicos y exigir el derecho a saber qué contienen los alimentos. No sólo porque se evita en parte el contacto con las sustancias tóxicas, sino, y sobre todo, porque se crea una conciencia de que el coste extra que se paga en realidad es una inversión en seguridad para nuestros hijos e hijas.
Por otro lado, Grandjean insiste en que la ciencia es sólo parte de la solución, es la que puede proveer a la sociedad de la documentación básica para el futuro; pero es la sociedad y organizaciones como la Fundació Roger Torné quienes, basándose en esta información, deben exigir a los gobiernos medidas para proteger el desarrollo neuronal frente a los agentes tóxicos.
El hecho de vivir en una sociedad desarrollada proporciona a los ciudadanos una mayor transparencia y entes de control y supervisión posiblemente más avanzados, pero nos preguntamos qué ocurre con los países del tercer mundo. Grandjean ha trabajado en algunos como Ecuador, donde la prioridad nacional es abordar el desarrollo, aunque este venga acompañado de retrocesos sociales para que la economía sobreviva, lo mismo que ocurrió en Japón o Alemania en la década de los 50 tras la Segunda Guerra Mundial. Estas economías tomaron un atajo hacia las economías de futuro y no tuvieron en cuenta los costes que luego hemos visto que podían surgir, como los derivados del amianto y otros grandes tóxicos. Actualmente se está reproduciendo el mismo modelo en los países en vías de desarrollo.
Durante toda la entrevista disfrutamos de un Grandjean plenamente implicado, capaz de transmitir de forma apasionada el resultado de sus investigaciones, dispuesto a hacer el esfuerzo necesario por revelar la importancia de estas conclusiones. Por este motivo, estuvimos dialogando sobre la responsabilidad de los científicos en la comunicación de sus resultados en aras de una movilización más ágil por parte de los gobernantes frente a actuaciones arriesgadas para la salud. Una cuestión compleja según el profesor, ya que aunque en su opinión los científicos deberían profundizar en la comunicación de la ciencia, la postura de éstos debería ser neutral, para no traspasar la línea divisoria que implica la promoción de soluciones particulares, porque es necesario que se siga confiando en el trabajo objetivo de los científicos. Para Grandjean, la defensa debe estar en manos de las ONGs, de otros grupos de interés o incluso de partidos políticos, porque “como científicos, desde un punto de vista médico no podemos dar las soluciones, las tiene que dar la sociedad. Sólo podemos crear una sensibilidad ante temas que necesitan una mayor atención.”
Cuando nos despedíamos, el profesor Philippe Grandjean insistió en recordarnos el importante papel que desempeñan organizaciones como la Fundació Roger Torné, en su apuesta por financiar investigaciones que con toda seguridad repercutirán en la defensa de la salud infantil. Para él está claro que esta iniciativa promoverá una toma de decisiones más responsables de cara al futuro y puede inspirar un desarrollo más saludable en nuestra sociedad.
La ciencia no proporciona la solución. Tampoco el trabajo de organizaciones como la Fundació Roger Torné. Estamos de acuerdo en que las soluciones vendrán de la mano de actitudes individuales que susciten decisiones globales. Pero para promover dichas actitudes es necesario evidenciar estas realidades encubiertas. Este es el punto en el que el trabajo de científicos como el Dr. Grandjean, o como los investigadores del Proyecto INMA, se vincula a la tarea de la Fundació Roger Torné. Estamos convencidos de que es el momento de actuar y, como decía la directora de la Fundación, esta misión es demasiado importante como para que lo hagamos solos.
Tags: Barcelona, contaminación, CREAL, entrevista, infancia, Jordi Sunyer, jornadas, medio ambiente, Philippe Grandjean, prevención, principio de precaución, Proyecto Inma, salud, salud infantil




