
Hay un niño que cabalga encima de una escoba vieja levantando el polvo ante el portal de su casa. La escoba es un caballo, en realidad, y las partículas de suciedad que hace volar, y que en unos minutos provocarán la queja del quiosquero de la esquina, son la misteriosa bruma matinal de un bosque encantado. El pequeño está en el centro del eixample, pero el niño que cabalga encima de una escoba se dirige decidido a un combate a todo o nada con un dragón feroz… o, ¡quien sabe!, con el ejército poderoso de un brujo temible en un país que sólo existe en su cabeza. El niño aún no ha decidido con quien se enfrentará con su espada invisible. Pero nosotros decidimos por él. Y no siempre lo hacemos bien.
La ilustración que acompaña este artículo es obra del pedagogo italiano Francesco Tonucci, uno de los primeros en reivindicar una mirada al mundo con ojos de niño. Frato, la versión de dibujante de Tonucci, muestra cómo, a menudo, no siempre lo que es hecho con la mejor intención funciona. Hay una magia muy especial y huidiza en todo juego infantil. Hay que ser un niño para entenderla … más aún, a menudo ‘hay que ser aquel niño’. ¿Por qué no juegas con la espada nueva? ¿Es una invitación a la verosimilitud (en los ojos de un adulto) o la muerte del juego (en los ojos del niño)?
¿La ciudad es un buen lugar para nuestros niños? Este es un debate importante; sin embargo, con frecuencia pasa desapercibido. ¿La ciudad es un lugar para descubrir, una ventana a la creación (diríamos hoy)? ¿O es el espacio donde todo está estipulado y previsto, como una gran telaraña? ¿Las preguntas no son menores? ¿Educamos en la responsabilidad o educamos en el temor?
Desde el ámbito internacional diferentes instituciones, como la OMS, trabajan en la línea de las Ciudades Saludables, de las ciudades más amables, vamos. En un ámbito más cercano, hace tiempo que se desarrollan iniciativas para obtener ciudades más amigables con los más pequeños. El movimiento del camino escolar muestra en Barcelona logros interesantes. La ciudad aspira ahora a crear más caminos escolares, itinerarios señalizados para acompañar niños y niñas al colegio. El Poble Nou, explica La Vanguardia, estrena un modelo participativo de ruta escolar para que los pequeños ganen autonomía.
Es una noticia pequeña, esta. O quizá no es tan pequeña. Las ciudades saludables están hechas con la suma de muchos gestos. Las ciudades saludables están llenas de dragones feroces y bosques encantados … que los niños y niñas deben poder descubrir y vencer. Solos, a su ritmo.
Tags: estilo de vida, infancia, medio ambiente, OMS, salud, salud infantil, sostenibilidad


[...] el contrario, iniciativas como la que encontramos en Ciudades saludables, sin ruido, sin alharacas, posibilitan que todos trabajemos por nuestro entorno más próximo y [...]