Rocío Román Collado
Profesora Titular Dpto. Análisis Económico y Economía Política. Universidad de Sevilla.
Como señalábamos en nuestro artículo del mes de abril, el Sistema Europeo de Información en Salud y Medio Ambiente (ENHIS) nos permite valorar la salud ambiental en toda Europa. Este sistema de información está basado en la valoración de la salud según cuestiones ambientales tales como la calidad del aire, la seguridad alimentaria y química, así como la calidad del agua y saneamiento. El inconveniente de esta base de datos es que no ha sido actualizada, ya que los datos más recientes son de 2005, aunque algunos informes son de 2007. Asimismo, no todos los países de la UE suministran datos para todas las variables, por lo que las comparaciones no resultan siempre homogéneas.
A partir de los datos recogidos sobre las citadas cuestiones ambientales, se presentan indicadores que permiten conocer y comparar la salud ambiental de los países de la UE. En base a estos indicadores, ¿cómo está España?
La revisión de los datos pone de manifiesto que, sorprendentemente, España obtiene valores mucho peores que la media de los países de la UE en demasiadas cuestiones relacionadas con la salud ambiental. Veamos algunos de ellos.
En el bloque dedicado a la reducción de la mortalidad infantil por accidentes de tráfico y por obesidad, la valoración que obtiene España se sitúa en el último tercio de la escala en los siguientes indicadores: mortalidad por accidentes de tráfico en niños y jóvenes de hasta 24 años, exceso de peso entre chicos de 13 años, falta de actividad física en chicos de 11 años y grado de implementación de políticas dirigidas a la reducción de accidentes involuntarios.
El bloque destinado a la reducción de las enfermedades respiratorias debido a la contaminación del aire exterior e interior muestra que España aún mantiene valores muy bajos, situándonos de nuevo en el último tercio de la escala, en el porcentaje de población que vive en casas con problemas de humedad. Además los datos ponen de manifiesto que nuestros niveles de exposición a pequeñas partículas tales como PM10 son relativamente altos respecto a la media.

Finalmente, nuestra peor posición en términos globales la obtenemos en el bloque dedicado a reducir el riesgo de enfermedades y discapacidades derivadas de la exposición a productos químicos peligrosos. En este caso, los datos muestran que tenemos unos niveles de dioxina muy altos en la leche materna, así como unos niveles de radón en las viviendas muy por encima de la media. A su vez, es muy preocupante la posición que mantenemos respecto a la media europea en estimaciones estandarizadas de leucemia en los niños menores de 15 años y las tasas estandarizadas por edad de incidencia del melanoma, sobre todo en varones menores de 55 años.
Quizás, aún resulte más preocupante saber que España no aporta datos relativos a los niveles de plomo en la sangre de los niños o la ingestión excesiva de metal a través de los alimentos.
Sin duda, estos datos no nos dejan indiferentes. Conocer que España, ocupa el último tercio del ranking de países de la UE en algunas cuestiones de salud ambiental nos plantea en primer lugar, la importancia de la actualización de dichas estadísticas para conocer cómo estamos actualmente, y lo que es más importante, si hemos mejorado respecto a la etapa anterior. Y finalmente, pero no menos importante, qué medidas se están tomando para seguir mejorando nuestra posición.
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