Aaron Bernstein es profesor en el Center for Human Health and the Global Environment y de la Harvard Medical School, y pediatra del Children’s Hospital Boston. Es uno de los máximos expertos mundiales en los efectos del cambio climático sobre la salud infantil y participó en las jornadas que la Fundació Roger Torné organizó hace unos días en Barcelona en colaboración con la Fundación “la Caixa”.
Aprovechamos la ocasión de tenerlo en la ciudad para reunirnos con él y que nos explicase directamente –como hace con frecuencia en conferencias por todo el mundo- qué es lo que está pasando y qué se espera que ocurra con la salud de niños y niñas como consecuencia del calentamiento global. Y, sobre todo, qué podemos hacer cada uno de nosotros y cómo aumentar la concienciación social.
¿Cómo afecta el cambio climático la salud humana, y especialmente la de los niños y niñas?
Hay que tener en cuenta que la salud se basa en cuatro factores: alimentación, agua, calidad del aire y el hogar. Y los cuatro están afectados por el cambio climático en gran parte del mundo. En el futuro se agravará dicho efecto, pero ya se nota. Por ejemplo, en cuanto a la alimentación, los cambios en las precipitaciones y las temperaturas menguan las cosechas. Y no sólo eso, sino que además se producen alimentos con menos proteínas, zinc y hierro, que son básicos para el desarrollo de los niños. Por ahora, un cuarto de los niños de entre 3 y 6 años en todo el mundo ya sufre anemia por falta de hierro, y esto afecta su desarrollo cerebral. Y la desnutrición es la primera causa de enfermedad y muerte infantil.
Existen más efectos también por los casos de condiciones extremas. Por ejemplo, las altas temperaturas y los incendios sufridos en Rusia este verano acabaron con una quinta parte del grano cultivado en el país, que normalmente se exporta a países africanos y que este año se han quedado sin poderlo comprar.

Aaron Bernstein en el transcurso de su conferencia “Cambio climático y salud humana”
¿Cuáles son las previsiones en cuanto al acceso al agua?
La falta de acceso a agua de calidad es la segunda causa de enfermedades infantiles. Y esto se verá agravado por las sequías y por las inundaciones que ensucian el agua dulce disponible, por ejemplo. El aumento del nivel del mar salinizará algunos acuíferos y todo ello hará que el agua para consumo humano sea más limitada para una población que no para de crecer.
¿Cómo se ve afectada la calidad del aire?
La calidad del aire es, de hecho, uno de los factores a los que más afecta el cambio climático y de los que más pueden afectar los países desarrollados como Estados Unidos y los de Europa. Por ahora ya un 10% de los niños padece asma en España, por ejemplo, y este dato crecerá. Los contaminantes atmosféricos como el ozono troposférico y las partículas que se derivan de los combustibles fósiles agravan las enfermedades respiratorias. La subida de temperatura causará niveles de ozono más altos, y ésta es una sustancia muy perjudicial para los que sufren asma. Las partículas también pueden aumentar debido a los incendios forestales, que se prevé que se multipliquen como consecuencia de la situación de sequía. Su efecto sería equivalente a pasar un papel de lija por los pulmones de un niño y para los que ya sufren enfermedades respiratorias puede ser devastador.
¿Cómo pueden afectar las oleadas de calor y los días de temperaturas extremas la salud infantil?
Las oleadas de calor están directamente relacionadas con la tasa de mortalidad, pero sobre todo entre gente mayor o personas adultas que ya sufren afecciones cardiovasculares o respiratorias. Sin embargo, el caso de los niños es más preocupante porque ellos tienen menos mecanismos para defenderse del calor, primero porque sudan menos y, por otro lado, porque necesitan que alguien les proporcione el alimento y la hidratación adecuados. También hay que tener en cuenta que aumentará el número de días en los que se les recomendará no estar al aire libre, pero debemos evitar lo contrario, es decir, que estén siempre dentro de casa.
¿Existen otros peligros para la salud derivados del cambio climático?
Sí, las enfermedades infecciosas transmitidas por insectos es una de ellas. Los cambios de temperatura, con inviernos más suaves, hacen que los insectos no mueran durante el invierno y que lleguen a lugares donde antes no tenían presencia. Por ejemplo, recientemente se han detectado abejas en Alaska, donde antes no se daban. Así, es posible que aumenten el dengue o la malaria, que se transmiten por picaduras de mosquito. Las autoridades sanitarias tienen que estar preparadas por si esto pasa.
¿Cómo se puede conseguir una mayor concienciación e implicación del conjunto de la población?
Necesitamos que la gente entienda qué es lo que nos estamos jugando, en cuanto a nuestra salud y a la de los niños y niñas, para que empecemos a actuar de manera seria de una vez por todas. Mi tarea consiste, precisamente, en remarcar la importancia que el cambio climático tiene sobre la salud, porque ésta puede ser la forma de concienciar a mucha gente de la gravedad de la situación. Una de las razones de la falta de comprensión del problema es que la mayoría vivimos desconectados de la naturaleza, pero hemos de entender que somos un elemento más dentro del mosaico de organismos del planeta. Yo creo que hay que conseguir que la gente se vuelva a acercar a los espacios naturales, que los niños tengan un huerto en la escuela y entiendan cómo funciona la agricultura, que visiten los bosques… Otros investigadores han afirmado que es durante la infancia cuando se crea este vínculo con la naturaleza y hay que potenciarlo, porque así conseguiremos adultos más concienciados.
¿Cómo valora el papel que realizan en este sentido organizaciones como la Fundació Roger Torné?
Ahora mismo, vivir pensando en la salud del planeta y en las consecuencias que eso tiene sobre nuestra salud, implica un gran esfuerzo, tiempo y energía de cada individuo. Pero eso debe cambiar. Se ha de conseguir que la gente no tenga que elegir entre lo que es sostenible y lo que es económico, entre lo que respecta al futuro y lo que nos va bien ahora. El papel de entidades como la Fundació Roger Torné es, precisamente, poner de manifiesto la importancia de la sostenibilidad, y mostrar que no estamos hablando de lo que tendríamos que hacer, sino que ya podemos hacerlo. Hay que aportar a la sostenibilidad el atractivo que merece. Y crear vías para educar tanto a la población general como a los responsables políticos resulta esencial en este sentido.
Al acabar la conversación, Aaron Bernstein se muestra bastante optimista. Cree que la clave para cambiar el futuro se basa, en parte, en la investigación científica, porque si podemos prever lo que pasará podremos actuar. Pero cree, sobre todo, que el éxito dependerá de hacer comprensible el mensaje a todo el mundo. Por eso durante los últimos años se ha centrado en divulgar sus conocimientos entre políticos, maestros y todo tipo de público. Y tanto en estos encuentros como en la charla que ofreció en CosmoCaixa en el marco de las II Jornadas de la Fundació Roger Torné, comprobamos su capacidad para clarificarnos un fenómeno tan complejo con ejemplos sencillos. Hemos recibido el mensaje. Ahora debemos ponernos en marcha.

Los doctores Aaron Bernstein, Jordi Sunyer y Ramon Folch en las Jornadas de la Fundació Roger Torné "Cambio climático y salud infantil"
Tags: Barcelona, cambio climático, contaminación, infancia, Jordi Sunyer, jornadas, jornadas2010, medio ambiente, prevención, Ramon Folch, salud infantil, sostenibilidad


[...] Hablar del Dr. Aaron Bernstein no es hacerlo de un científico desconocido, ya que afortunadamente la Fundació Roger Torné ha tenido la oportunidad de poder contar con su colaboración inestimable y su presencia en más de una ocasión. Cabe recordar que tuvimos la suerte de poder escucharlo durante las II Jornadas de Salud Infantil y Medio Ambiente que tuvieron lugar en el mes de noviembre de 2010 en CosmoCaixa Barcelona y cuya entrevista puede leerse en nuestro blog. [...]