Tenemos el tráfico en la misma acera de casa y los niveles de contaminación atmosférica proveniente de coches y camiones en las zonas urbanas llegan a niveles muy elevados. Esto puede tener consecuencias graves en la salud de los niños y niñas, pero podemos tomar algunas medidas para protegerlos. En este artículo hacemos un repaso bien a fondo de todos estos aspectos y ofrecemos unos cuantos criterios para tener en cuenta a la hora de elegir los espacios en los que los pequeños puedan jugar o hacer deporte evitando el riesgo que puede encontrarse en el aire que respiran.
La contaminación atmosférica: en la puerta de casa
Los efectos nocivos de la contaminación atmosférica sobre la salud humana son ya incuestionables: estudios científicos de todo el mundo han demostrado de manera reiterada que están relacionados con el asma y otras afecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares y cáncer de pulmón, entre otros. En adultos, en niños y también como consecuencia de la exposición del feto dentro del útero. La polución del aire proviene en buena parte de los carburantes de coches y camiones: el tráfico es el responsable de hasta el 80% de las partículas finas y los motores diesel emiten contaminación más nociva para la salud que los de gasolina, según nos ha aclarado el investigador del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), Xavier Basagaña. Por eso, la calidad del aire no es igual en las áreas urbanas que en las zonas rurales, e incluso dentro de las ciudades hay diferencias importantes entre unas zonas y otras. De hecho, el riesgo de sufrir problemas respiratorios debido a la polución atmosférica puede aumentar hasta 4 veces entre las diferentes áreas de una misma ciudad.
Tanto es así que las investigaciones más recientes y las que ahora hay en marcha tienen en cuenta los niveles de contaminación prácticamente calle por calle, considerando la distancia entre las viviendas de las personas estudiadas y una gran vía de tránsito. Esto, en los Estados Unidos, que es donde se han hecho la mayoría de estos estudios hasta ahora, quiere decir autovías y autopistas, en las que se concentra un volumen de vehículos más grande y más camiones de motor diesel. En el caso de Europa, y de España en concreto, hay que traducir estos conceptos de otro modo. Por una parte, porque aquí el 60% de los vehículos tipo turismo son de motor diesel y, por otra, porque el urbanismo de las ciudades hace que tengamos vías con un alto volumen de tránsito también en las zonas urbanas más céntricas (como el caso de la Diagonal o la avenida Meridiana en la ciudad de Barcelona o de Recoletos o Plaza Castilla en Madrid, por poner un par de ejemplos). Es decir, más vehículos, y más contaminantes, dentro de la propia ciudad. En palabras de Basagaña, “vivimos muy cerca del tráfico, lo tenemos en la misma acera de casa”. Y no sólo eso: la presencia de edificios altos a ambos lados de estas calles tan transitadas crea una especie de “cañones” que hacen que la polución quede atrapada, de forma que se acaban registrando niveles de contaminación todavía más elevados.
¿Y qué consecuencias tiene vivir tan cerca del lugar donde se origina la contaminación? Muchas.
Consecuencias de vivir cerca de vías con alto volumen de tránsito
Un estudio de la Universidad de Southern California, por ejemplo, observó el crecimiento de la función pulmonar en niños y adolescentes entre los 10 y los 18 años. Mediante espirometrías y otras pruebas que se repitieron de manera anual, esta investigación detectó que, a los 10 años de edad, quienes viven a menos de 500 metros de una vía con mucho tráfico tienen una función pulmonar menor. Y al llegar a los 18 años, las diferencias respecto de los que viven a más de 1.500 metros de una autovía son mucho más significativas. Es un dato muy importante, porque a los 18 años ya se ha completado prácticamente el desarrollo, y esta menor función pulmonar quedará así para siempre, con consecuencias en la salud de por vida.
Otro estudio de la misma universidad, centrado en niños de entre 5 y 7 años, indica que vivir a menos de 75 metros de una gran vía de tránsito de vehículos se asocia con un riesgo más alto de sufrir asma y sibilancias en la respiración. El riesgo disminuye cuando se superan los 300 metros de distancia y los efectos son más evidentes entre quienes han sido expuestos a esta contaminación durante la gestación y los dos primeros años de vida. Si se registran grandes concentraciones de ozono, hacer ejercicio o esfuerzo físico también aumenta el riesgo de asma. No es el único factor, evidentemente: el historial familiar, la dieta o la exposición al humo del tabaco son otros aspectos determinantes. Pero la calidad del aire es uno de los más importantes.
Los efectos de la contaminación no se limitan sólo a las vías respiratorias. Xavier Basagaña ha participado en un estudio, en este caso sobre adultos, que muestra que vivir a menos de 100 metros de una vía con tráfico elevado acelera el proceso de ateroesclerosis a más del doble de la media anual. El estudio se hizo con datos de los Estados Unidos, y ahora se está ampliando con datos de Girona. Otra investigación, basada en Londres y Gales, asocia los momentos de más concentración de contaminación con un mayor índice de infartos de miocardio en las horas siguientes. E incluso el ruido del tránsito tiene efectos sobre la salud, y está relacionado con problemas de aprendizaje infantil y de estrés.
El urbanismo, factor clave
El crecimiento constante de la población en las áreas urbanas ha llevado a urbanizar incluso en las inmediaciones de grandes carreteras, rondas y autovías. Se han construido áreas residenciales, y también hospitales, residencias para gente mayor, escuelas y polideportivos. “Lo más importante es, sobre todo, trabajar para rebajar los niveles de contaminación en general”, dice el investigador Basagaña, “pero la distancia a las vías de más tránsito también tendría que ser un factor a tener en cuenta a la hora de planificar nuevas construcciones”.
Así lo piensa también Bert Brunekreed, director del Institute for Risk Assessment Sciences (Instituto de Ciencias de Evaluación del Riesgo) de la Universidad de Utrech, en Holanda, que visitó Barcelona recientemente. Según nos explicó, a pesar de que en varios paises del norte de Europa ya se trabaja para evitar la construcción de escuelas nuevas cerca de zonas con mucho tráfico, por ahora los gobiernos pueden argumentar con la normativa europea a la mano, y esta normativa fija unos límites de contaminación mucho más altos de los que aconsejan los expertos en salud (incluida la Organización Mundial de la Salud).
Es decir, actualmente nada impide seguir construyendo viviendas y equipamientos, escuelas incluidas, en espacios con índices de contaminación atmosférica elevados, de forma que los niños pueden crecer, estudiar o hacer deporte muy cerca de los focos de polución del aire, con los efectos que ello conlleva para su salud.
Por otro lado, algunos factores urbanísticos pueden influir de manera positiva en la calidad del aire. Es el caso de la presencia de árboles a las calles: un estudio realizado en Nueva York y otro elaborado en Londres indican que los árboles urbanos pueden tener un papel clave en la prevención del asma en los primeros años de infancia, y que, al filtrar las partículas contaminantes, pueden contribuir a reducir la presencia en la atmósfera de agentes nocivos.
¿Qué podemos hacer?
Toda esta información nos lleva inevitablemente a plantearnos qué podemos hacer para minimizar los efectos que la contaminación atmosférica puede tener en la salud de todos, especialmente en la de los más pequeños. Los equipos de investigadores lo tienen claro y coinciden: hay que rebajar los niveles de contaminación generales y es necesario también poder hacer más investigación para saber más sobre el tema.
Mientras tanto, nosotros también podemos aplicar algunas medidas concretas en nuestro día a día, tanto para no contribuir al aumento de contaminación como para protegernos de los efectos:
- Intentar vivir en un área con poca contaminación atmosférica, a poder ser a un mínimo de 200 metros de las vías con alta densidad de tráfico. Es evidente que resulta complicado cambiar de domicilio por este motivo, pero puede ser un criterio importante a tener en cuenta en decisiones futuras de cambio de residencia.
- Desplazarse a pie o en bicicleta siempre que sea posible. Si no, optar por el transporte público en lugar de por el vehículo privado. A la hora de comprar un coche nuevo, elegir los que emitan menos contaminantes (sobre todo, evitar los motores diesel).
- A la hora de pasear con los niños, elegir zonas restringidas para peatones o con poco tráfico rodado. Todavía mejor si son calles con arbolado.
- Considerar la distancia a las vías de tráfico elevado a la hora de elegir el centro educativo (desde la guardería hasta el instituto). Los niños y niñas pasan buena parte de su tiempo en la escuela, y la calidad del aire que respiran durante todas estas horas es tan importante como la del que respiran en casa.

Foto: Niños en Respiro
- Hacer una hora diaria de ejercicio físico, bien en un parque o en un recinto deportivo abierto. A la hora de elegir el espacio, es aconsejable huir de los que se encuentran junto a una avenida con mucho tráfico y buscar los que se encuentran en zonas más tranquilas. Del mismo modo, es más recomendable elegir una zona de juegos con árboles y plantas que no aquellas en las que predomina el pavimento de cemento.
- Apoyar las iniciativas que demandan una mejor calidad del aire.
En la guía ‘Salud infantil y medio ambiente. Una relación de por vida‘ editada por la Fundació Roger Torné encontraréis más información sobre hábitos saludables para prevenir enfermedades respiratorias.
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