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La Mandioka, un proyecto humanitario
2009-03-01

Carmona Montero es la presidenta de la asociación La Mandioka, creada en 2008 con el objetivo de realizar proyectos y actividades de cooperación internacional y de desarrollo para promover el progreso social, educativo, económico y cultural de los grupos de población más desfavorecidos de los países de actuación.

La Mandioka tiene su sede en Paradas, una localidad de la provincia de Sevilla. Actualmente, la mayor parte de sus proyectos los desarrollan en Butembo, ciudad de la República Democrática del Congo. Por este motivo, bautizaron el nombre de la asociación La Mandioka, una planta típica de Butembo. Como los fines de su asociación señalan, los proyectos han ido dirigidos especialmente a los niños y a las mujeres, colectivos especialmente desprotegidos. La Mandioka realiza un importante esfuerzo de divulgación de sus actividades a nivel local así como diversas actividades (teatro, ferias de muestras, verbenas benéficas, exposiciones, etc) encaminadas a recaudar fondos para la financiación de sus proyectos además de las aportaciones voluntarias de sus socios.

Asimismo, Pilar Carmona es la presidenta de la comisión de seguimiento creada por la Hermandad Jesús Nazareno de Paradas, a la que también pertenece, para realizar el seguimiento del proyecto que ella misma propuso “MAPENDO. Casa de acogida para 15 niños de Butembo” financiado por la Fundació Roger Torné.

Pilar Carmona se desplaza todos los años a Butembo con el objetivo de comprobar la ejecución de las obras, en unos casos, o el grado de cumplimiento de los objetivos previstos, en otros. Asimismo, retira las facturas y documentos originales de todos los gastos realizados. Y finalmente, consciente de la necesidad de dar un testimonio gráfico de todo lo que allí se realiza, Pilar hace fotografías y películas de todo cuanto se realiza así como entrevistas personales a las personas encargadas.

Pilar Carmona con integrantes
de la Casa de Acogida

En el verano de 2007 viajaste por primera vez a Butembo, ¿cómo describirías el viaje? ¿qué descubriste?
Fue un viaje muy especial porque no sabia con lo que me iba a encontrar, no me imaginaba cómo seria aquello. Aterricé en Uganda donde me esperaba una amiga  congoleña y juntas hicimos el viaje hasta Butembo (RDC) en una avioneta. Mi primer descubrimiento fue que no tuve miedo en ningún momento, a pesar de la poca seguridad que daba la avioneta. Cuando llegué a Butembo y me bajé de la avioneta, empezaron a llegar niñ@s de todas partes rodeándome, unos reían y otros lloraban porque les daba miedo el color de mi piel. Para mi fue otro gran descubrimiento ya que siempre había pensado que a los niñ@ solamente les asustaba el color negro y, no era así, a los negros también les asusta el blanco.

¿Por qué elegiste Butembo para desarrollar tu labor de cooperación internacional?
La casualidad hizo que hace 10 años conociera a una congoleña que vino a vivir a mi pueblo, Paradas (Sevilla). Durante su estancia me contaba cosas de su tierra y me sentí atraída por ella. Al marchar, le prometí que un día iría al Congo, pero mientras tanto mantuve el contacto con ella e inicié mi labor de cooperación. Cuando ella veía alguna necesidad extrema, me llamaba para pedir ayuda. De esta forma fui viendo que nuestra ayuda era eficaz. Cuando viajé por primera vez, no tuve la menor duda que mi campo de trabajo estaba en Butembo. Fue muy hermoso ver las casas que, gracias a la colaboración de algunas personas habíamos construido y conocer a esas mujeres que gracias a nuestra ayuda se habían operado y recuperado del cáncer que habían padecido.

¿Cómo es la vida diaria de una familia media en Butembo? ¿Conocen cómo viven los occidentales  en los países desarrollados?
Las familias son la mayoría muy numerosas, de cinco a doce niñ@s. Viven en chozas de pasto seco y rodeadas de barro. La jornada diaria comienza a las 6 de la mañana, cuando las mujeres se preparan para ir a buscar comida y agua al campo, acompañadas de sus hijos. El peso de la familia recae en la mujer, la mayoría tiene que recorrer de 10 a 12 km para comprar algo de comida, mientras los hombres pasan la mayor parte del tiempo sin hacer nada. Algunas familias comen una vez al día, otras se turnan para comer y, otras pasan varios días sin probar bocado. Los congoleñ@s saben que hay otra manera de vivir pero, no saben cómo. Los que van al colegio tienen al menos la oportunidad de conocerlo, por eso es tan importante la labor educativa.

Pilar Carmona con integrantes
de la Casa de Acogida

¿Qué valoración haces del proyecto “Casa Mapendo”?
Casa Mapendo ha sido uno de mis principales proyectos. Para mi ha sido una satisfacción poder ayudar a niñ@s que se encontraban en situaciones traumáticas. Lo difícil es saber que hay 3.000 niños viviendo en la calle en situaciones similares. Creo que ha sido un éxito en todos los sentidos. Cuando visité a los niños de la Casa este verano me decían que se sentían personas, que nunca habían sentido el calor y cariño que estaban recibiendo de las hermanas y, de todas las personas que de un modo u otro estaban con ellos.

¿Qué otros proyectos  has desarrollado en Butembo?
El taller de costura para mujeres es otro de los proyectos más importantes en Butembo. Está dirigido a las llamadas mujeres de los mai-mai, es decir mujeres muy jóvenes que habían sido secuestradas por los rebeldes para ser violadas y maltratadas y posteriormente abandonadas o asesinadas. Aquellas que sobreviven son mujeres rechazadas por la sociedad y la mayoría con hij@s de estos rebeldes. En la ciudad de Butembo hay ya 40 mujeres trabajando en la costura gracias al taller, unas se han independizado y otras se  han  agrupado como cooperativa.

En tu último viaje a Butembo hiciste una visita a la cárcel, ¿con qué objetivo?
Era una asignatura pendiente que tenía desde hace mucho tiempo: visitar las cárceles, lo que no pensaba era que la primera visita iba a ser en el Congo. Me permitieron visitar la cárcel durante una tarde. Nunca imaginé que personas humanas pudieran vivir de esa manera. Casi tod@s eran jóvenes y la causa principal: el robo y el asesinato. Llevaban cinco días sin comer, estaban desesperados. Cuando me vieron todo era grito pidiéndome comida, yo no podía reaccionar, solamente me notaba cómo las lágrimas salían de mis ojos…, me acordaba de mis hij@s con las mismas edades que ellos y, con la falta de libertad, algunos por haber robado para poder comer. Les compramos sacos de arroz, habichuelas, pescado seco y harina de mandioka. Los mismos presos, detrás de las rejas, iban contando los sacos que los guardianes iban entrando.

¿Qué valoración personal haces de la labor desarrollada en Butembo?
Nunca pensé que iba a llegar dónde hemos llegado. Algunas veces no nos damos cuenta de toda la labor que venimos desarrollando en Butembo pero, cuando estás allí y ves a tantas personas comiendo todos los días, mujeres trabajando y sacando su familia adelante, chicas en la Universidad, 35 niñ@s estudiando, la primera casa de acogida a niños de la calle en una ciudad de 700.000 habitantes y, próximamente un Centro de maternidad y primeros auxilios, te das cuenta de la importancia de la labor realizada.

Mi recorrido humanitario me ha hecho comprender, que no es posible avanzar hacia una sociedad solidaria y más justa, si no es a través de la compasión, la ternura y la entrega hacia los que más sufren. Si tod@s nos considerásemos herma@s no habría pobreza.

 

 

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